Zohran Mamdani, alcalde de New York | Foto: Adam Gray/AP
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quedó envuelto en una creciente polémica dentro del Partido Demócrata luego de una serie de respaldos electorales a candidatos identificados con el socialismo democrático que generaron fuertes tensiones con dirigentes históricos del espacio.
La controversia escaló especialmente tras su reciente apoyo a Darializa Avila Chevalier, candidata que busca disputar desde la izquierda la banca del congresista Adriano Espaillat, uno de los dirigentes con mayor peso político en Manhattan y el Bronx.
La decisión provocó malestar entre referentes demócratas y reactivó cuestionamientos sobre la confiabilidad política del alcalde, a quien distintos sectores acusan de incumplir compromisos asumidos previamente con dirigentes del partido.
Una de las críticas más duras llegó desde la congresista Nydia Velázquez, referente histórica del progresismo neoyorquino y una de las primeras dirigentes en respaldar la candidatura de Mamdani a la alcaldía.
“Tus acciones generan serias dudas sobre si se puede confiar en tu palabra”, sostuvo Velázquez en declaraciones difundidas por medios estadounidenses.
El conflicto se agravó porque, según trascendió, Mamdani había prometido el año pasado apoyar la reelección de Espaillat luego de que el congresista acompañara su candidatura para la intendencia de Nueva York tras las primarias demócratas.
De acuerdo con versiones citadas por dirigentes del partido, incluso habría existido un acuerdo político sellado personalmente entre ambos dirigentes.
La intervención de Mamdani en distintas primarias legislativas viene generando cada vez más ruido dentro del Partido Demócrata.
Primero apoyó la candidatura del ex contralor Brad Lander frente al congresista Dan Goldman. Luego respaldó a la legisladora Claire Valdez para suceder a Velázquez en el Congreso, desoyendo la estrategia política impulsada por la propia diputada.
Sin embargo, el apoyo a Avila Chevalier fue interpretado como el movimiento más agresivo hasta ahora contra sectores tradicionales del partido.
La candidata es respaldada por Justice Democrats y por los Socialistas Democráticos de América (DSA), organizaciones vinculadas al ala más izquierdista del espacio progresista estadounidense.
Además, parte de su historial en redes sociales generó controversias dentro del propio Partido Demócrata. Entre otros mensajes, había definido al expresidente Joe Biden como “violador” y promovido publicaciones contra distintas formas de actuación policial.
A pesar de ello, Mamdani defendió públicamente a la candidata y aseguró que representa a los trabajadores y sectores populares del distrito.
El alcalde evitó profundizar sobre las publicaciones pasadas de Avila Chevalier y sostuvo que la propia dirigente ya aclaró que muchas de esas posiciones no representan sus ideas actuales.

El conflicto interno preocupa especialmente porque Mamdani necesita construir acuerdos tanto en el Concejo Municipal como con legisladores estatales y representantes federales para avanzar con su agenda de gobierno.
Distintos sectores del partido temen que las tensiones generadas por sus intervenciones electorales compliquen futuras negociaciones políticas y presupuestarias.
Incluso algunos concejales demócratas comenzaron a deslizar cuestionamientos sobre la relación institucional con la alcaldía.
“Ahora sabemos que su palabra no vale nada”, afirmó bajo reserva un integrante del Concejo Municipal citado por medios estadounidenses.
Espaillat, por su parte, mantiene una estructura política consolidada dentro del distrito que representa desde 2017 y conserva respaldo de sindicatos, dirigentes barriales y referentes históricos del partido.
Tras el respaldo de Mamdani a su rival interna, el congresista buscó bajar el tono del conflicto y encabezó una actividad junto a gremios y dirigentes aliados.
Desde su entorno señalaron que “no se puede poner en riesgo el futuro de las familias trabajadoras para sumar puntos políticos”.
El caso también abrió un debate más amplio dentro del Partido Demócrata sobre el avance del ala socialista en grandes ciudades estadounidenses y el nivel de influencia que organizaciones como el DSA lograron construir en Nueva York durante los últimos años.