Milei celebraba los triunfos de la derecha internacional, pero Bolsonaro perdió en Brasil y Trump se quedó sin el Congreso

Milei celebraba los triunfos de la derecha internacional, pero Bolsonaro perdió en Brasil y Trump se quedó sin el Congreso
Foto: Getty Images

En menos de dos semanas, dos de los principales aliados internacionales del presidente argentino sufrieron derrotas electorales. Lula derrotó a Flávio Bolsonaro en Brasil y los demócratas recuperaron el Congreso estadounidense frente a los republicanos de Donald Trump. En Argentina, los últimos sondeos muestran una disputa ajustada entre el oficialismo y el peronismo, junto con niveles elevados de desaprobación presidencial.

La apuesta internacional de Javier Milei por los principales referentes de la derecha continental acaba de encontrarse con dos resultados adversos. Primero fue Brasil, donde Flávio Bolsonaro perdió el balotaje presidencial frente a Luiz Inácio Lula da Silva. Después llegó Estados Unidos, donde el Partido Republicano de Donald Trump perdió el control del Senado y de la Cámara de Representantes en las elecciones de medio término.

En apenas diez días, dos espacios políticos respaldados públicamente por Milei sufrieron derrotas electorales de alcance nacional. Los resultados no determinan lo que ocurrirá en Argentina, pero adquieren relevancia frente a las encuestas que muestran una competencia cada vez más ajustada entre La Libertad Avanza y el peronismo.

La pregunta que comienza a plantearse es si las derrotas de sus aliados responden exclusivamente a situaciones nacionales o si existen factores comunes que también pueden influir en el escenario argentino de 2027.

Javier Milei y Flávio Bolsonaro.

Brasil: Milei respaldó a Bolsonaro, pero Lula dio vuelta la elección

El 25 de octubre, Lula consiguió su reelección presidencial en Brasil con el 51,79% de los votos válidos, frente al 48,21% obtenido por Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.

El resultado fue especialmente significativo porque Bolsonaro había ganado la primera vuelta del 4 de octubre con el 47,03%, contra el 45,16% de Lula. Sin embargo, el mandatario brasileño consiguió revertir la diferencia en el balotaje y terminó imponiéndose por más de 4,4 millones de votos.

Milei había tomado partido explícitamente por Flávio Bolsonaro. En junio lo recibió en Buenos Aires y respaldó públicamente su candidatura. Después de la primera vuelta, celebró su desempeño y lo felicitó por lo que consideraba una victoria política sobre Lula.

El presidente argentino incluso compartió una publicación que enumeraba triunfos de dirigentes internacionales a los que había respaldado, entre ellos Trump y Bolsonaro, bajo la consigna de que todos habían ganado.

Pero el balotaje brasileño modificó aquel relato: el candidato que había recibido el apoyo del mandatario argentino terminó derrotado.

La elección confirmó, además, que una ventaja en la primera vuelta no garantiza el resultado definitivo cuando los votantes deben elegir entre dos alternativas.

Donald Trump y Javier Milei.

Estados Unidos: Trump perdió las mayorías que sostenían su gobierno

El segundo revés llegó el martes 3 de noviembre, con las elecciones legislativas estadounidenses.

Los demócratas recuperaron el control de ambas cámaras del Congreso y consiguieron victorias en territorios tradicionalmente republicanos, como Texas, Kansas y Carolina del Sur.

Aunque Trump no figuraba personalmente en las boletas, los comicios funcionaron como una evaluación de los primeros dos años de su segundo mandato presidencial.

El resultado modificará el equilibrio institucional de Washington desde enero de 2027, cuando los demócratas asuman las mayorías legislativas y puedan condicionar buena parte de la agenda de la Casa Blanca.

Milei mantiene una relación de estrecha afinidad ideológica y política con Trump, a quien respaldó públicamente y presentó en numerosas oportunidades como uno de sus principales referentes internacionales.

La derrota republicana no equivale a una derrota electoral personal de Trump, pero sí representa un retroceso para su administración y para el espacio político con el que Milei mantiene su alianza más visible.

En ambos países, las dificultades económicas y el costo de vida formaron parte de los debates centrales de campaña, aunque las circunstancias políticas de Brasil y Estados Unidos fueron diferentes.

Argentina: las encuestas muestran un oficialismo bajo presión

Mientras sus aliados internacionales enfrentan derrotas, los estudios de opinión argentinos describen un escenario de competencia estrecha.

El relevamiento de Hugo Haime & Asociados, realizado entre el 17 y el 25 de octubre sobre 1.200 casos, ubicó al peronismo con el 35,1% de intención de voto, frente al 33,2% de La Libertad Avanza.

En un eventual balotaje entre Javier Milei y Axel Kicillof, la misma consultora registró 45,4% para el gobernador bonaerense y 42% para el presidente, con un 12,6% de respuestas restantes entre indecisos y otras opciones.

Otro estudio, de Proyección Consultores, realizado entre el 1 y el 13 de octubre sobre 1.231 casos, mostró un escenario inverso: La Libertad Avanza obtuvo el 38% frente al 36% del peronismo.

En la simulación de segunda vuelta de esa encuesta, Milei alcanzó el 41% y Kicillof el 39%, con un 20% distribuido entre voto en blanco e indecisos.

Las diferencias entre ambos relevamientos muestran que la competencia continúa abierta y que los resultados dependen, entre otros factores, de la metodología, las fechas del trabajo de campo y las alternativas incluidas en cada pregunta.

Aun así, los números exhiben una disputa mucho más estrecha que la distancia de más de once puntos con la que Milei ganó el balotaje presidencial de 2023.

El problema de la imagen presidencial

Los indicadores de imagen y aprobación del Gobierno agregan otra dimensión al escenario electoral.

Una encuesta de Giacobbe realizada entre el 30 de septiembre y el 5 de octubre, sobre 2.500 casos, registró una imagen negativa de Milei del 56%, frente a una positiva del 36%.

AtlasIntel, en un relevamiento realizado entre el 2 y el 7 de octubre sobre 2.067 personas, ubicó la evaluación negativa del Gobierno en el 57,2% y la positiva en el 38,5%.

Por su parte, Management & Fit registró un 58,1% de evaluación negativa y un 36,6% positiva en un estudio realizado durante septiembre.

Los indicadores corresponden a mediciones distintas y no deben confundirse automáticamente con intención de voto, pero muestran niveles de rechazo relevantes para analizar la situación política del oficialismo.

También reflejan que la disputa electoral argentina no depende únicamente de la identificación ideológica con el presidente, sino de cómo la sociedad evalúa su administración y sus resultados.

¿Un presagio para 2027?

La coincidencia temporal entre las derrotas de Bolsonaro y los republicanos de Trump permite plantear un interrogante político, aunque no establecer una relación causal con lo que ocurrirá en Argentina.

Brasil eligió presidente mediante un balotaje. Estados Unidos renovó su Congreso en una elección de medio término. Argentina tendrá su propia elección presidencial en 2027, con candidatos, alianzas y condiciones económicas que todavía pueden modificarse.

Los resultados internacionales muestran que los dirigentes de derecha y sus aliados no están exentos del desgaste electoral, incluso cuando llegan a las campañas con posiciones de poder o ventajas iniciales.

En el caso argentino, las encuestas disponibles señalan una competencia ajustada y niveles significativos de evaluación negativa de la gestión presidencial. También muestran que La Libertad Avanza conserva una base electoral importante y que algunos relevamientos todavía la ubican por delante del peronismo.

Milei celebró los triunfos de sus aliados internacionales como parte de un avance político que consideraba compartido. Las derrotas de Bolsonaro en Brasil y del Partido Republicano en Estados Unidos introducen ahora una contradicción en ese relato.

El interrogante para 2027 no es si los resultados extranjeros anticipan automáticamente una derrota argentina, sino hasta qué punto los factores que influyeron en aquellas elecciones —el desgaste de gobierno, la situación económica y la capacidad de articulación opositora— también estarán presentes cuando los argentinos vuelvan a las urnas.